18 de octubre de 2009

Ayn Rand; Capitalismo, el ideal desconocido

Es del trabajo y la integridad incólume de tales mentes, las de los innovadores intransigentes, de donde ha salido todo el conocimiento y los logros de toda la humanidad.
En una sociedad capitalista, todas las relaciones humanas son voluntarias.
El derecho a estar de acuerdo con otros no constituye un problema en ninguna sociedad; es el derecho a disentir el que resulta crucial. Es la institución de la propiedad privada la que protege e implementa el derecho a disentir y así mantiene el camino abierto al atributo más valioso del hombre: la utilización de su mente creativa.
Cuando el “bienestar general” de una sociedad es considerado como algo separado y superior al bienestar individual de sus miembros, significa que el bienestar de algunos hombres tiene prioridad sobre el bienestar de otros…En tales casos, se asume tácitamente que el “bienestar general” significa el “bienestar de la mayoría” en contra de la minoría o del individuo. Pero el “bienestar de la mayoría”, también, es sólo una pretensión y una falsa ilusión: dado que, de hecho, la violación de los derechos de un individuo significa la anulación de todos los derechos, la entrega a la mayoría indefensa al poder de cualquier pandilla que se proclame a sí misma como la “voz de la sociedad” y proceda a dominar por medio de la fuerza física, hasta que la destrona otra pandilla que utiliza los mismos medios.
El libre mercado representa la aplicación social de la teoría objetiva del valor. Dado que los valores deben ser descubiertos por la mente del hombre, los hombres deben ser libres para descubrirlos, para pensar, estudiar, traducir su conocimiento en una forma física, ofrecer sus productos al comercio, juzgarlos y escoger ya sean bienes materiales o ideas, un pan o un tratado filosófico.
Ahora fíjese, que un mercado libre no nivela a los hombres por algún común denominador, que los criterios intelectuales de la mayoría no dirigen al libre mercado ni a una sociedad libre y que los hombres excepcionales, los innovadores, los gigantes intelectuales, no son inmovilizados por la mayoría. De hecho, son los miembros de esta minoría excepcional quienes elevan toda una sociedad libre al nivel de sus logros, al elevarse ellos más y más.
Los parásitos mentales, los imitadores que tratan de amoldarse a lo que consideran que es el gusto público, son constantemente superados por los innovadores cuyos productos elevan cada vez más el conocimiento y el gusto público. Es en este sentido que opera el mercado libre, no por obra de los consumidores, sino por las acciones de los productores.
…el mercado libre es regido por quienes pueden ver y planificar el largo plazo y mientras mejor funcione su mente, más largo será su alcance.
En el mercado libre el valor económico del trabajo de un hombre lo determina un principio único: la aceptación voluntaria de aquellos que están dispuestos a negociar su trabajo o sus productos. Este es el significado de la ley de la oferta y la demanda; representa el rechazo total de dos doctrinas viciosas: el altruismo y la premisa tribal. Implica reconocer que el hombre no es propiedad de alguien ni sirviente de la tribu…
Cuando vives en una sociedad racional, donde los hombres son libres para comerciar, recibes un beneficio incalculable: el valor material de tu trabajo es determinado no solo por tu esfuerzo, sino por el esfuerzo de las mejores mentes productivas que existen en el mundo que te rodea…
El hombre que sólo realiza una labor física, consume el valor material equivalente a su propia contribución al proceso productivo y no deja un ulterior valor remanente, ni para él ni para los demás. Pero el hombre que genera una idea en cualquier campo de la actividad racional, el que descubre nuevos conocimientos, es un asistencial constante de la humanidad…
El hombre que está en la base de la pirámide de la producción, quien abandonado a su suerte moriría de hambre por su total ineptitud, no contribuye con aquellos que están en la cima, pero el primero recibe el beneficio derivado de todas sus mentes.
El progreso magnífico logrado por el capitalismo en un intervalo breve de tiempo, la mejora espectacular en las condiciones de la existencia del hombre en la tierra, es un récord histórico.
El progreso puede surgir sólo del excedente individual, es decir, del trabajo, la energía, la superabundancia creativa de esos hombres cuya habilidad produce más de lo que su consumo personal demanda, aquellos que son intelectual y financieramente capaces de buscar lo nuevo, de mejorar lo conocido, para así avanzar.
La abundancia de los Estados Unidos no fue creada mediante sacrificios públicos dedicados al “bienestar general,” sino por el genio productivo de hombres libres que persiguieron sus intereses personales y la construcción de sus fortunas privadas. Dieron a las personas mejores empleos, sueldos más altos y bienes más baratos con cada máquina nueva que inventaron, con cada descubrimiento científico o avance tecnológico y así el país entero avanzaba y todos se beneficiaban, sin sufrimientos, con cada paso del camino.
Mientras el altruismo busca despojar la inteligencia de sus recompensas, afirmando que el deber moral del competente es servir al inútil y sacrificarse por la necesidad de cualquiera, la premisa tribal va un paso más allá: niega la existencia de la inteligencia y de su rol en la producción de riqueza.
El estatismo es un sistema de violencia institucionalizada y de perpetua guerra civil. No deja a los hombres otra opción que pelear para capturar el poder político, para robar o ser robados, matar o ser matados.
El grado de estatismo en el sistema político de un país, es el grado por el cual se divide al país en pandillas rivales y pone a los hombres uno contra otros. Cuando se invalidan los derechos individuales, no hay forma de decidir quién tiene derecho a qué; no hay forma de determinar la justicia de los reclamos, los deseos, o los intereses de alguien. El criterio, por consiguiente, se revierte al proceso tribal de que los deseos de uno están limitados sólo por la magnitud de poder de la pandilla propia. Para sobrevivir bajo este sistema, los hombres no tienen otra opción más que temer, odiar, y destruir al otro; es un sistema de conspiración clandestina, de conspiraciones secretas, de tratos, favores, traiciones y golpes de estado repentinos, sangrientos.
El estatismo, de hecho y en principio, no es más que la ley de la pandilla. Una dictadura es una pandilla dedicada a saquear el esfuerzo de los ciudadanos productivos de su propio país. Cuando un gobernante estatista agota la economía de su país, ataca a sus vecinos.
El capitalismo es una sociedad de comerciantes.
…el mundo aceptó al imperio británico porque abrió los canales del mundo a la energía del comercio en general…mientras Inglaterra controló los mares cualquier hombre de cualquier nación podía ir a cualquier parte, llevándose sus artículos y su dinero, con seguridad.
La riqueza, en un libre mercado, se logra mediante un voto libre, general y “democrático”, por las ventas y compras de cada individuo…
Ley Sherman 1890: …si cobra precios que algunos burócratas sentencian como demasiado altos, puede ser enjuiciado por monopolio, o mejor dicho, por un “exitoso intento de monopolizar”; si cobra precios más bajos que sus competidores, puede ser enjuiciado por “competencia desleal” o por ”impedimento al comercio”; y si cobra los mismos precios que sus competidores, puede ser enjuiciado por “confabulación” o “conspiración”.
El único factor real necesario para la existencia de la libre competencia es: el funcionamiento sin estorbos, sin obstrucciones del mecanismo del mercado libre. La única acción que un gobierno puede tomar para proteger la libre competencia es: laissez-faire, que, en traducción libre, significa: no meter sus manos. No hay forma de legislar la competencia.
El estándar de vida de un país, incluyendo los sueldos de sus trabajadores, depende de la productividad de la mano de obra; la alta productividad depende de las máquinas, las invensiones y la inversión de capital; las cuales dependen del ingenio creativo de los individuos…
El valor productivo del trabajo físico como tal, es bajo. Si el trabajador de ahora produce más que el trabajador de hace 50 años, no es porque el actual ponga más trabajo físico; todo lo contrario: el esfuerzo físico requerido de él es mucho menor. El valor productivo de su esfuerzo ha sido multiplicado muchas veces por las herramientas y las máquinas con las cuales trabaja; ellas son cruciales para determinar el valor económico de sus servicios.
El desempleo es el resultado inevitable de forzar la existencia de salarios por encima de su nivel de libre mercado.
De modo que en tanto un gobierno mantenga el poder del control económico, necesariamente creará una “elite especial”, una “aristocracia influyente”, atraerá al tipo de político corrupto que dentro de la legislatura trabajará para el beneficio del empresario deshonesto, penalizará y eventualmente destruirá a los honestos y los capaces.
…la solución es…la separación del Estado y la Economía, en la misma forma y por las mismas razones por las que tenemos la separación de la Iglesia y el Estado.
Pero es precisamente la “codicia” del empresario o, más apropiadamente, su búsqueda de ganancias, una protección incomparable para el consumidor.
Se requieren años de desempeño consistentemente excelente para adquirir una reputación y cimentarla como un activo financiero. Después de eso, se necesita un esfuerzo todavía mayor para mantenerla: una empresa no puede permitirse arriesgar sus años de inversión dejando caer sus estándares de calidad.
Es una defensa inherente a un sistema de libre empresa y la única protección verdadera de los consumidores contra la deshonestidad comercial. El control gubernamental no es un medio alternativo de protección al consumidor.
La regulación, que se basa en la fuerza y el miedo, socava la base moral de las negociaciones comerciales. Un agente de bolsa oportunista puede rápidamente cumplir con los requisitos de la S.E.C., ganar inferencia de respetailidad y proceder a esquilmar al público.
…si se quiere hacer que recurso “limitado” esté disponible a la totalidad de las personas, hay que hacerlo de propiedad privada y echarlo en un mercado libre, abierto.
Se necesita legalidad, no controles.
Muchos empresarios, convencidos de la necesidad de una economía mixta, están resentidos por la verdadera naturaleza del capitalismo; creen que es más seguro sostener una posición, no por derecho, sino por favor; temen la competencia de un mercado libre y consideran que la amistad de un burócrata es mucho más fácil de ganar. Presionar, no merecer, es su forma de “seguro social”. Creen que siempre tendrán éxito cortejando, ejerciendo presión, o sobornando a un burócrata, que es “una buena persona” con quien “se pueden llevar bien” y que los protegerá de ese forastero sin compasión: un competidor más competente.
Sobre la base de la industria legal radiodifusora:…requirió muchos siglos, antes del hombre primitivo, para que las tribus nómadas de salvajes alcanzaran el concepto de propiedad privada, específicamente la propiedad de la tierra, que marcó el inicio de la civilización. Es una trágica ironía que en presencia de un dominio nuevo abierto por un logro gigantesco de la ciencia, nuestros líderes políticos e intelectuales volvieran a la mentalidad de los nómadas primitivos e, incapaces de imaginar los derechos de propiedad, declararán el nuevo dominio como un coto de caza tribal.
Muchas personas creen que el altruismo significa bondad, benevolencia, o respeto por los derechos de los otros. Pero significa exactamente lo opuesto: enseña el sacrificio personal, así como también el sacrificio de los otros ante cualquier “necesidad pública” no especificada; considera al hombre como un animal de sacrificio.
…el altruismo no es una doctrina de amor, sino de odio al hombre.
Francia, en el siglo XVII, era una monarquía absoluta. Su sistema ha sido descrito como un “absolutismo limitado por el caos”.
El grado de prosperidad, logro y progreso humano es corolario y función directa del grado de libertad política. Como atestiguan: la Grecia antigua, el Renacimiento, el siglo XIX.
Ahora considere el destino de Inglaterra, “el experimento pacífico con el socialismo”, el ejemplo de un país que se suicidó por medio del voto: no hubo violencia, ni derramamiento de sangre, ni terror, solamente el proceso asfixiante de los controles gubernamentales.
La manifestación de una conciencia que se desintegra es la incapacidad de pensar y actuar en términos de principios.
1. En cualquier conflicto entre dos hombres (o dos grupos) que mantienen los mismos principios básicos, el más coherente es el que gana.
2. En cualquier colaboración entre dos hombres (o dos grupos) que sostienen principios básicos diferentes, el peor o más irracional es el que gana.
3. Cuando los principios básicos están clara y abiertamente definidos, se opera con ventaja del lado racional; cuando no están claramente definidos, sino que están escondidos o evadidos, se opera con ventaja del lado irracional.
Ahora considere la colaboración de los países semi-libres con las dictaduras comunistas, en las Naciones Unidas.
La fuerza motriz detrás del desangrado suicida del país más grande del mundo no es ya un fervor altruista o una cruzada colectivista, sino las manipulaciones de abogaditos y relacionistas públicos que tiran de las cuerdas mentales de autómatas sin vida. Estos, los lobistas a sueldo de intereses del exterior, los hombres que no podrían esperar obtener, en otras circusntancias, el dinero que hoy obtienen, son los beneficiarios reales y únicos del sacrificio global, como todos los de su clase siempre han estado cerca de cada movimiento altruista en la historia.
El socialismo es una regresión al barbarismo primitivo.
No es tu riqueza lo que buscan. Es una conspiración contra la mente, lo que significa: contra la vida y el hombre. Es una conspiración sin líder ni dirección y los rufianes del momento que se aprovechan de la agonía de una nación o de otra son basura oportunista que nada en el torrente del dique roto de las cloacas de los siglos, de las reservas de odio hacia la razón, la lógica, la habilidad, los logros, la felicidad, almacenadas por cada infeliz antihumano que alguna vez haya prdicado la superioridad del corazón sobre la mente.
Libertad…significa ser libre del poder coactivo del estado y nada más.
El conflicto mundial actual es el conflicto del individuo contra el estado…
Socialismo: una teoría o sistema de organización social que aboga por ceder la propiedad y el control de los medios de producción, el capital, la tierra, etc, a la comunidad como un todo.
Fascismo: un sistema gubernamental con poder fuertemente centralizado, que no permite la oposición o la crítica y que controla todos los asuntos de la nación (industrial, comercial, etc).
Estatismo: el principio o la política de concentrar extensivos controles económicos, políticos y demás en el Estado al precio de la libertad individual.
Si algún demagogo nos propusiera, com0o un credo orientador, la siguiente tesis: las estadísticas deberían sustituir a la verdad, el recuento de votos a los principios, las cifras a los derechos y las encuestas públicas a la moral, que la conveniencia pragmática del momento debería ser el criterio para los intereses de un país y que el número de adherentes debería ser el criterio de verdad o falsedad de una idea, que cualquier deseo de cualquier naturaleza sobre cualquier cosa debería ser aceptado como un derecho válido, siempre que lo sostenga un número suficiente de personas, que una mayoría le puede hacer a una minoría lo que le plazca, en resumen, el gobierno de la banda y de la turba si un demagogo lo ofreciera, no llegaría demasiado lejos. Pero todo esto está contenido en y se camufla con, la noción del “gobierno por consenso”.
Mientras, políticamente, una economía mixta conserva la apariencia de una sociedad organizada con una semblanza de seguridad ciudadana, económicamente es el equivalente del caos que rigió en China por siglos: un caos de pandillas de ladrones saqueando (y drenando) los elementos productivos del país.
…una guerra en la cual el premio es el privilegio de usar la fuerza legal contra víctimas legalmente desarmadas.
No puede haber asociación entre burócratas armados y particulares indefensos que no tienen otra opción que obedecer. Pero hay hombres…que temen a la competencia de un mercado libre y que darían la bienvenida a un “socio” armado para extorsionar obteniendo ventajas especiales sobre sus competidores más competentes.
…el peor tipo de depredador rico, el rico que llegó por la fuerza, el rico por los privilegios políticos, el tipo que no tiene alternativas dentro del capitalismo, pero que está siempre allí para sacar partido de cada “noble experimento” colectivista.
…una de las peores variantes del estatismo: el socialismo corporativo…la trinchera árida de la protección de la mediocridad frente a los competidores más capaces, el encarcelamiento de los que poseen una habilidad superior a la media mezquina de sus profesiones.
El padre y creador del estado de bienestar, el hombre que puso en práctica la noción de comprar la lealtad de algunos grupos con dinero extorsionado de otros, fue Bismarck, el predecesor político de Hitler.
Déjeme recordarle extractos del programa político Nazi:
• Proveer a los ciudadanos con una oportunidad adecuada de empleo
• Poner fin al poder de intereses financieros
• Participar de los beneficios de las grandes empresas
• Cobertura amplia para los ancianos
• Maxima consideración por la pequeña empresa en las compras de la administración nacional, estatal y municipal
• Educación a expensas del gobierno
• Mejora de la salud pública, protegiendo a la madre y al niño, prohibiendo el trabajo de menores, apoyo a la educación física
• Bien común antes del bien del individuo
Las guerras son el segundo mal superior que las sociedades humanas pueden perpetrar (El primero es la dictadura, la esclavitud de sus ciudadanos, que es la causa de las guerras)
De todas las violaciones estatistas de los derechos individuales en una economía mixta, el reclutamiento para el servicio militar es la peor.
La gente joven busca una visión compresiva de la vida, es decir, una filosofía, en la que buscan significados, propósitos, ideales y la mayor parte de ellos acepta lo que obtiene. Estando en su adolescencia e inicios de los veinte la mayoría de personas busca respuestas filosóficas y fija sus premisas, para bien o para mal, para el resto de sus vidas. Algunas alcanzan esa etapa; algunos renuncian a la búsqueda; pero la mayoría es accesible a la voz de la filosofía por unos pocos años.
Los derechos de nadie pueden ser obtenidos por la violación de los derechos de otros. La ocupación por la fuerza de la propiedad de otro hombre o la obstrucción de una via pública es una violación tan patente de los derechos que un intento por justificarla se convierte en una abrogación de la moral. Una sociedad que tolera la intimidación como una forma de aquietar las disputas, la intimidación física de de algunos hombres o grupos sobre otros, pierde su derecho moral a existir como sistema social y su colapso no tarde en suceder.
El socialismo corporativo es una mentalidad salvaje ligada a lo concreto y a la rutina, elevada al rango de una teoría social. …otorga un monopolio, sobre un bosque o sobre un charco…a causa del hecho de que él estaba allí.
Si hay alguna forma de confesar la propia mediocridad, es por medio de la disposición a colocar el trabajo de uno bajo el poder absoluto de un grupo, particularmente de un grupo de profesionales colegas. De cualquier forma de tiranía, esta es la peor; está dirigida contra un único atributo humano: la mente y en contra de un único enemigo: el innovador.
…el reclamo colectivista estándar de que los trabajadores deberían poseer las fábricas creadas por los hombres cuyos logros ellos no pueden captar ni igualar.
El hombre tiene el libre albedrío de pensar o no; si no lo hace, se quedará con lo que tiene.
La realidad completa, verdadera de los estados socialistas-comunistas-fascistas ha demostrado la irracionalidad bruta de los sistemas colectivistas y la inhumanidad del altruismo como código moral.
Al liberar al hombre de la autoridad y regulación medieval, al romper las cadenas de la tiranía clerical, económica y social, al destruir la “estabilidad” del orden feudal, el capitalismo y el individualismo empujan sobre el hombre una libertad sin precedentes que fue “destinada a crear un sentimiento profundo de inseguridad, impotencia, duda, soledad y ansiedad”.
Pula a un colectivista y usualmente encontrará a un medievalista.
Cuando un hombre cesa en su responsabilidad de pensar, queda a merced de sus reacciones involuntarias, subconscientes y estas estarán a merced de fuerzas exteriores que actúan sobre él, a merced de cualquier persona y cualquier cosa que ande por allí.
Si un hombre abraza valores contradictorios, estos necesariamente violentan su sentido de identidad personal. Así, para librarse de un problema creado por una falla de pensamiento, suspende el pensamiento. Así, desplaza su sentido del ser hacia abajo, por así decirlo, desde su razón, que es el elemento activo, motivador del hombre, a sus emociones, que son el elemento pasivo, reactivo.
La iglesia católica nunca ha desistido de la esperanza por restablecer la unión medieval de la Iglesia y el Estado, con un Estado global y una teocracia global como objetivo final.
Los Estados Unidos, con su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1776, fueron la primera sociedad moral en la historia. Solo existe un derecho fundamental: el derecho de un hombre a su propia vida.
Dado que un hombre debe sostener su vida por su propio esfuerzo, el hombre que no tiene derecho al producto de su esfuerzo no posee los medios para sustentar su vida.
No es una garantía de que un hombre obtendrá una propiedad sino únicamente una garantía de que será suya si la gana. Es el derecho a ganar, conservar, usar y disponer de los valores materiales.
Si un hombre ha de vivir en la tierra como hombre, está en su derecho de usar su mente; está en su derecho de actuar según su propio y libre albedrío; está en su derecho de trabajar por sus valores y retener el producto de su trabajo.
Existen dos violadores potenciales de los derechos del hombre: los criminales y el gobierno. El gobierno se instituyó para proteger a los hombres de los criminales y la Constitución (Estados Unidos) se escribió para proteger a los hombres del gobierno. La Declaración de Derechos no fue dirigida contra los ciudadanos, sino contra el gobierno.
Cualquier supuesto “derecho” de un hombre que requiere que los derechos de otro sean violados, no es ni puede ser un derecho.
Los criminales son una pequeña minoría en toda época o país. Y el daño que ellos ocasionan a la humanidad es infinitesimal si se compara con los horrores, las masacres, las guerras, las persecuciones, las confiscaciones, las hambrunas, la esclavización, la destrucción masiva, cometidos por los gobiernos de la humanidad.
Un gobierno es el más mortal enemigo del hombre cuando no está limitado y restringido por los derechos del individuo.
En un sistema social adecuado el individuo privado está en libertad de ejercer toda acción que desee (siempre y cuando no viole los derechos de los demás) , mientras que el funcionario gubernamental se halla restringido por la ley en todos y cada uno de sus actos oficiales.
La protección y la observancia forzosa de los contratos a través de tribunales civiles es la necesidad más crucial de toda sociedad pacífica.
Las funciones naturales de un gobierno: la policía para proteger a los hombres de los criminales, las fuerzas armadas para proteger a los hombres de invasores foráneos, los tribunales para solucionar las disputas entre los hombres de acuerdo a leyes objetivas.

3 de agosto de 2009

Good game?

May 28th 2009
From The Economist print edition
Playing video games can make you a better person

VIDEO games get a bad press. Many are unquestionably violent and, as has been the way with new media from novels to comic books to television, they have been accused of corrupting the moral fabric of youth. Nor are such accusations without merit. There is a body of research suggesting that violent games can lead to aggressive thoughts, if not to violence itself. But not all games are shoot-’em-ups, and what is less examined is whether those that reward more constructive behaviour also have lingering impacts. That, however, is starting to change. Two studies showing that video games have a bright side as well as a dark one have been carried out recently.
One, to be published in June by the Journal of Experimental Social Psychology, was conducted by Douglas Gentile, of Iowa State University’s media research laboratory. He and his colleagues tested the effects of playing so-called “pro-social” games on children and young adults in three countries.
A group of 161 American students played one of six games for 20 minutes. Some were given “Ty2” or “Crash Twinsanity”, both of which involve cartoonish fighting and destruction. Others were assigned “Chibi-Robo!”, which involves helping characters in the game by doing their chores, or “Super Mario Sunshine”, in which players clean up pollution and graffiti. A third group, acting as a control, played “Pure Pinball” or “Super Monkey Ball Deluxe”, both of which involve guiding a ball through mazes.
Their games over, the participants were asked to choose 11 of 30 easy, medium or hard shape-based puzzles for a partner to complete, and told that their partner would receive a $10 gift voucher if he could complete ten of them. Those who had been playing pro-social games were significantly more likely to help their partner by selecting easy puzzles. The opposite was true for those assigned violent games.
The other parts of Dr Gentile’s study looked at established behaviour. In one, a group of 680 Singaporeans aged 12-14 were asked to list their three favourite games and state the number of hours they played. They were then given questionnaires, the answers to which suggested that those who spent the longest playing games which involved helping others were most likely to help, share, co-operate and empathise with others. They also had lower scores in tests for hostile thoughts and the acceptance of violence as normal. In the second, Japanese aged 10-17 were asked how much time they spent playing games in which the main character helps others. When questioned three to four months later, those who played these types of games the most were also rated as more helpful to those around them in real life.
Screened for virtue
These two, later, parts of Dr Gentile’s study might, of course, just be proving that nice people prefer pro-social games. But a second controlled experiment, by Tobias Greitemeyer of the University of Sussex, in England, and Silvia Osswald of Ludwig-Maximilian University, in Munich, confirms the gist of Dr Gentile’s conclusions. In this piece of research (to be published later this year, also in the Journal of Experimental Social Psychology), Dr Greitemeyer and Dr Osswald asked 46 German students to play one of two classic games. In the pro-social one, “Lemmings”, the aim is to protect rodents from various dangers. By contrast “Tetris” acted as a neutral control. In this game players rotate falling shapes so that they slot neatly together instead of saving self-destructive furry animals.
Playtime over, the students were asked to say what happens next in three incomplete stories involving a driver and a cyclist who narrowly miss colliding; two friends, one of whom is unapologetic despite being repeatedly late; and a diner speaking to a restaurant manager after waiting for an hour to be served and then having food spilt on him. Those who had played “Lemmings” suggested endings in which the characters in the stories exhibited significantly fewer aggressive thoughts, responses and actions than the ones suggested by the “Tetris” players.
The upshot of both studies is that video games are like any other medium. Feed the user with aggressive thoughts and you risk making him aggressive. Feed him with the milk of human kindness and the opposite will probably happen. No great surprise, perhaps. But a salutary reminder both that the older generation should not rush to judgment on youthful habits it does not understand, and that the medium is not always the message.

Extending lifespan of mice and monkeys..and man

Jul 9th 2009
From The Economist print edition


Most people accept that death and taxes are inevitable. But that doesn’t mean you should not try to postpone them. A good accountant can help with the latter, but the usual prescription for the former is a way of life that avoids excess.
That advice might be even truer than many of its proponents realise, for it has long been known that restricting the diets of several species of laboratory animal seems to slow down the process of ageing. This is a question not just of avoiding obesity, but of reducing an individual’s intake of calories to a point significantly below normal consumption—almost, but not quite, to the point of malnutrition. At the same time, some drugs are also known to have anti-ageing properties—again, in “lower” animals. It is therefore good news for potential Methuselahs that both these approaches have now been brought closer, phylogenetically speaking, to humanity.
Caloric restriction, as the dietary method is properly known, was tested by Richard Weindruch and his team at the University of Wisconsin using rhesus monkeys— the workhorses (to mix literal and metaphorical livestock) of laboratory studies on non-human primates. Previously, the nearest species to a human for which caloric restriction had been proved to work was a mouse. Dr Weindruch’s results are published in this week’s edition of Science.
Meanwhile that publication’s rival, Nature, has a report by David Harrison of the Jackson Laboratory in Maine and his colleagues on the life-prolonging effects of a drug called rapamycin. In this case the experiment was done on mice. But that is much closer to humans than the nematode worms and fruit flies which were the subjects of previous successful experiments on drug-induced life extension.
One reason why primates have not been the subject of anti-ageing studies until now is that they live so long anyway. Dr Weindruch’s paper is the result of 20 years of work. Over the course of that period he and his team have looked at 76 monkeys (30 males to start with and, since 1994, another 16 males and 30 females). Half these animals were kept as controls, with no changes in their diet, and the other half experimented upon.
Each animal in the experimental group was observed for up to six months to find out how much it ate when food was freely available. It then had the calorific value of this baseline diet cut, in three monthly tranches, until it had been reduced by a total of 30%.
The upshot is that, so far, 14 of the 38 control animals have died of age-related illnesses such as type II (late onset) diabetes, cancer and heart disease. Only five of the experimental animals so succumbed. A statistical analysis showed that, at any given time during the study, an animal in the control group was three times as likely to die from an age-related cause as one in the experimental group.
Not all of the animals that died did so from age-related conditions. Some succumbed to injury, infection and even complications from anaesthesia. But when it came to these more random deaths, both groups suffered almost equally. Seven went down in the control group, and nine in the experimental one. An apparent win, then, for caloric restriction—though it will not be possible to say for sure until all members of both groups have died and the extra years of life (if any) of the experimental subjects can be known precisely.
Semi-starvation is not, however, a course of action most people would be willing to undertake in the hope that it might prolong their lives. But they might be willing to take a pill. Indeed, a company called Sirtris Pharmaceuticals is already running trials of drugs that affect proteins called sirtuins—a group of enzymes which experiments on invertebrates have shown to be involved in extending lifespan.
Dr Harrison and his colleagues picked a different molecule that has been seen to work on invertebrates: rapamycin. This substance, isolated originally from a strain of bacterium found on Easter Island—or Rapa Nui as it is known to the locals—acts by suppressing a particular signalling mechanism inside cells, called the TOR pathway. The TOR pathway, in turn, promotes protein production and inhibits the active destruction of parts of cells that are no longer needed. Slowing down all this molecular turnover seems to slow ageing, at least in worms and flies. So Dr Harrison’s team decided to give it a go in mice.
Easter eggs
Laboratory mice, which have no predators other than the white-coated variety, live for a maximum of just over 1,000 days. The researchers started feeding them with rapamycin at the age of 600 days—about the same point in their lives as a 60-year-old human has reached. The results were impressive. Maximum female lifespan increased from 1,094 days to 1,245, though males did somewhat less well, going from 1,078 days to 1,179. Measured from the time the drugs were first administered in early old age, these figures translate into a 38% increase in life expectancy for females and 28% for males.
What is equally interesting is that both the TOR pathway and the one controlled by sirtuins are also affected by caloric restriction. It looks, in other words, as if the drug-based and diet-based approaches are acting in similar ways. That is not to recommend people take doses of rapamycin. Its main medical use is to suppress the immune system, so anyone consuming it casually would open himself to serious infection. But it does hold out the tantalising hope that, at some point in the future, it might be possible to pop a pill and put an extra decade or two on your life.

6 de julio de 2009

Ayn Rand; El Manantial

“Howard Roark, Arquitecto …es como esos lemas que los hombres grababan a la entrada de sus castillos y por los cuales morían. Es un desafío a algo tan inmenso y tan oscuro como todo el dolor de la tierra. Y sé que si llevas estas palabras hasta el fin, será la victoria, Howard, no sólo para ti, sino para algo que debería ganar, aquello que mueve al mundo y que nunca gana reconocimiento. Reivindicarás a muchos que han caído antes que tú y que han sufrido como tú sufrirás. Que Dios te bendiga; o a quien sea que está sólo para ver lo mejor, lo más elevado posible de los corazones humanos.”
“Mírala. Cada parte está ahí porque la casa la necesita y por ninguna otra razón. Desde aquí la vez tal como es en su parte interior. Las habitaciones en las cuales vivirás le dieron forma. La distribución de masas fue determinada por la distribución del espacio interior. El ornamento fue determinado por el método de construcción, acentuando el principio por el cual existe. Puedes ver cada tensor, cada soporte que lo une. Tus propios ojos recorren un proceso estructural cuando miras la casa, puedes seguir cada paso, verlo ascender; puedes saber qué lo hizo y para qué. Has visto edificios con columnas que no sostienen nada, con cornisas sin propósito alguno, con pilastras, molduras, arcos falsos, falsas ventanas. Has visto edificios que parecen tener sólo un gran vestíbulo con sólidas columnas y sólidas ventanas de seis pisos de altura. Pero entras en ellos y te encuentras con seis plantas interiores. O edificios que tienen un solo salón, pero con una fachada cortada en líneas de pisos, con filas de ventanas. Comprendes la diferencia? Tu casa está hecha para tus necesidades personales. Las otras están hechas con el propósito de impresionar. El motivo determinante de tu casa está en la casa. El motivo determinante de las otras está en el público.”
“Usted quiere construir un monumento, pero no para usted, no para su vida o sus logros, sino para otras personas, para la supremacía que tienen sobre usted. No está desafiando esa supremacía, sino que la inmortaliza.”
“Le gustaría ver un cuerpo humano con una cola rizada y plumas de avestruz en el extremo? Y orejas en forma de hojas de canto? Eso sería ornamental, en lugar de la fealdad desnuda y severa que tenemos. Bueno, porqué no le gusta la idea? Porque sería inútil y sin sentido, porque lo hermoso del cuerpo humano es que no tiene un solo músculo que no sirva a su propósito, no hay una sola línea inútil; cada detalle obedece a una idea, la idea de una persona y la vida de esa persona. Puede decirme por qué, cuando se trata de un edificio, no lo quiere mirar como si tuviese un sentido y un propósito, quiere estrangularlo con adornos, quiere sacrificar su finalidad a su envoltura, sin saber siquiera por qué quiere semejante envoltura? Quiere que se vea como una bestia híbrida producida por el cruce de bastardos de diez especies diferentes…”
“Y ostentar la inteligencia propia es muy vulgar, más vulgar incluso que exhibir la riqueza.”
“Lo que quiero decir es que un directorio está constituido por uno o dos hombres ambiciosos y un montón de charlatanes. Los seres humanos son hermanos, tienen un gran instinto de fraternidad, excepto en los directorios, los sindicatos, las corporaciones y otros grupos de bandoleros.”
“Qué cree que es la integridad? La habilidad para no robarle el reloj del bolsillo a su vecino? No, no es tan fácil. Si eso fuera todo, entonces diría que el 95% de la humanidad está compuesta por hombres rectos y honestos. Sólo que como usted puede ver, no lo son. La integridad es la habilidad de ser fiel a una idea. Eso presupone la capacidad de pensar.”
“No es mi función ayudar a que la gente conserve una dignidad que no tiene. Ustedes les dan lo que ellos dicen que les gusta. Yo les doy lo que realmente quieren. La honestidad es la mejor política, señores, aunque no en el sentido en que a ustedes se les ha enseñado a creer.”
“Yo daría la mejor puesta de sol del mundo a cambio de la vista del contorno de Nueva York en el horizonte.”
“La música era matemática y la arquitectura era música de piedra.”
“Las tres cuartas partes de ellos no saben de qué se trata, pero han oído que la otra cuarta parte defiende tu nombre, de manera que ellos creen, ahora, que lo deben pronunciar con respeto. De esa parte, cuatro décimos son los que te odian, tres décimos creen que deben tener una opinión en cualquier controversia, dos décimos son los que van a lo seguro y se ponen a la cabeza de cualquier “descubrimiento”, y un décimo lo forman los que realmente comprenden.”
“Para toda gran carrera son necesarias dos personas: la que tiene el genio y, más difícil aún, la que es lo suficientemente grande para ver la grandeza y decirlo.”
“No trabajo con organismos colectivistas. No consulto, no soy cooperador, no soy colaborador.”
“La mayoría de las personas edifican de la misma forma en que viven, como algo rutinario, como un accidente sin sentido; pero pocos comprenden que construir es un gran símbolo. Vivimos en nuestros espíritus y la existencia es la intención de llevar esa vida a la realidad física y manifestarla en gesto y forma. Para quien comprende esto, la casa que posee es una expresión de su vida. Si no la construye cuando tiene medios para hacerlo, es porque su vida no ha sido lo que él quería.”
“Originalidad y subordinación al mismo tiempo. Lo llaman armonía.”
“-Tenía un aliado en quien confiar. –Cual? Tu integridad? –La tuya, Gail”
“Lo que sientes en presencia de una cosa que admiras es simplemente una palabra: Si: la afirmación, la aceptación, el símbolo de admisión. Y ese Si es más que una respuesta a un objeto determinado; es una especie de Amén a la vida, a la tierra que sostiene ese objeto, al pensamiento que lo creó, a ti mismo por ser capaz de contemplarlo. Pero la capacidad de decir Si ó No es la esencia de toda propiedad. Es la propiedad de tu propio ego. Tú alma, si quieres. Tu alma tiene una sola función básica y singular: el acto de valorar. Si o No. Deseo o No deseo. No se puede decir Si sin decir Yo. No existe afirmación sin el que afirma. En este sentido, todo aquello a lo que le concedes tu amor, es tuyo.”
“Verás Howard. He llamado “muelle mugriento” a tu oficina y “gato callejero” a ti. Esa es mi manera de rendirte homenaje.”
“Soy Gail Wynand, el hombre que ha cometido todos los crímenes, excepto el principal: el de considerar fútil el hecho maravilloso de la existencia y buscar una justificación fuera de mi mismo.”
“La castidad: la duda que se siente antes de meter el pie en el estiércol.”
“El hombre que engaña y miente, pero que conserva una fachada respetable. El se sabe deshonesto, pero los otros creen que es honesto, y saca su respeto a si mismo de ahí, en forma parasitaria. El hombre que recibe el crédito de un logro que no es suyo. Se sabe mediocre, pero es genial a los ojos de los demás. El desventurado frustrado que profesa amor hacia el inferior y se cuelga de los menos dotados para establecer su superioridad por comparación. El hombre cuyo único objetivo es hacer dinero. Un conferencista que lanza algunos refritos tomados de la nada, que no significan nada para él ni para quienes lo escuchan… Todos parásitos mentales.”
“Es tan difícil depender de uno mismo. Uno puede fingir virtudes ante una audiencia, pero no las puede fingir ante los propios ojos. Su ego es el juez más estricto. Huyen de él. Se pasan la vida huyendo. Es más fácil donar unos miles de dólares para caridad y creerse noble, que basar el autorrespeto en parámetros íntimos de logro personal. Es fácil buscar sustitutos de la capacidad: sustitutos practicables como el amor, el encanto, la bondad, la caridad. Pero no hay sustituto de la competencia. Eso, precisamente, es lo mortífero de los parásitos mentales. No les interesan los hechos, las ideas, el trabajo. Sólo se interesan por la gente. No preguntan: Es esto cierto?, preguntan: Es esto lo que los demás creen que es cierto?. No juzgan, repiten. No hacen, dan la impresión de que hacen. No crean, aparentan. No tienen habilidad, sino amistades. No tienen méritos, sino influencias. Qué le sucedería al mundo sin aquellos que hacen, piensan y producen? Esos son los egoístas.”
“…es la única cualidad que respeto en las personas. Según ella elijo a mis amigos. Ahora sé en qué consiste. En un ego autosuficiente. Ninguna otra cosa tiene importancia.”
“Moriría por ti. Pero no podría ni querría vivir para ti.”
“El hombre altruista se da cuenta de que es incapaz de alcanzar lo que acepta como la más noble de las virtudes, y esto le da un sentimiento de culpa, de pecado, de su propia indignidad fundamental. Dado que el ideal supremo está más allá de su alcance, al fin desiste de todo ideal, de toda aspiración, de toda noción de su valor personal. Se siente obligado a predicar lo que no puede practicar. Pero uno no puede ser bueno a medias ó casi honesto. Preservar la propia identidad es una dura batalla. Para qué proteger lo que uno sabe que ya está corrompido? Su alma desiste del respeto a sí misma. Obedecerá. El estará contento de obedecer, porque no puede confiar en sí mismo, se siente inseguro, se siente impuro.”
“…simplemente escucha al profeta de turno y si le oyes hablar de sacrificio, huye más rápido que de una plaga. Surge de la razón que donde hay sacrificios, hay alguien recolectando las ofrendas sacrificadas. Donde hay servicio, hay alguien siendo servido. Quien habla de sacrificio, habla de esclavos y amos. Y pretende ser amo. Pero si alguna vez alguien te dice que debes ser feliz, que ese es tu derecho natural, que tu primer deber es hacia ti mismo, ese hombre no anda detrás de tu alma.”
“Ningún creador estuvo impulsado por el deseo de servir a sus hermanos, porque sus hermanos rechazaron siempre el regalo que les ofrecía, ya que ese regalo destruía la rutina perezosa de sus vidas. Su único móvil fue su verdad. Su propia verdad y su propio trabajo para concretarla a su propia manera: una sinfonía, un libro, una máquina, una filosofía, un aeroplano o un edificio.”
“Su visión, su fuerza, su valor, provenían de su espíritu. El espíritu de un hombre es, sin embargo, su ego, esa entidad que constituye su conciencia. Pensar, sentir, juzgar, obrar son funciones del ego.”
“Los creadores no son altruistas. Ese es todo el secreto de su poder. Son autosuficientes, auto inspirados, autogenerados. Una causa primigenia, una fuente de energía, una fuerza vital, un primer motor original. El creador no atiende a nada ni a nadie. Vive para sí mismo. Y solamente viviendo para sí mismo, el creador ha sido capaz de realizar esas cosas que son la gloria de la humanidad. Tal es la naturaleza de la creación. El hombre no puede sobrevivir, salvo mediante su propia mente. Llega desarmado a la tierra. Su cerebro es su única arma.”
“Heredamos los productos del pensamiento de otros. Heredamos la rueda. Hicimos un carro. El carro se transformó en automóvil. El automóvil ha llegado a ser un avión. “
“La fuerza que lo impulsa es la facultad creativa que toma ese producto como material, lo usa y origina el siguiente paso…Y aquí el ser humano afronta su alternativa básica, la de que puede sobrevivir en sólo una de dos formas: por el trabajo autónomo de su propia mente, o como un parásito alimentado por la mente de los demás. El creador es original. El parásito es dependiente. El creador enfrenta la naturaleza a solas. El parásito enfrenta la naturaleza a través de un intermediario.”
“El interés del creador es conquistar la naturaleza. El interés del parásito es conquistar a los hombres.”
“…la obra de los creadores ha eliminado una enfermedad tras otra, en el cuerpo y en el espíritu humanos, y ha producido más alivio para el sufrimiento que lo que cualquier altruista pueda jamás concebir.”
“Lo que vale es lo que un hombre es y hace de sí mismo, no lo que haya o no haya hecho por los demás. Las personas comercian por libre y mutuo consentimiento, y en beneficio mutuo, cuando sus intereses coinciden y ambos desean el intercambio. Si alguno no lo desea, no está obligado a tratar con el otro…”
“El primer derecho en la Tierra es el derecho al ego. El primer deber del hombre es para consigo mismo. Su ley moral consiste en nunca hacer de los demás su objetivo principal. “
“Los que gobiernan no son egoístas. No crean nada. Existen enteramente a través de los demás. Su fin está en sus súbditos, en la actividad de esclavizar. Son tan dependientes como el mendigo, el trabajador social y el bandido.”
“La civilización es el progreso hacia una sociedad de la privacidad.”

9 de marzo de 2009

Tim Brown; Lessons from innovation´s front lines

Lessons from innovation’s front lines: An interview with IDEO’s CEO
Tim Brown, whose company specializes in innovation, distills the lessons of his career.
NOVEMBER 2008 • Lenny T. Mendonca and Hayagreeva Rao
Many companies claim to be innovative, but few can claim innovation as their raison d’être. One such innovation machine is IDEO—a designer of products, services, and experiences ranging from Apple’s first mass-market computer mouse to aspects of Prada’s store in New York City to the patient-care delivery model at SSM DePaul Health Center, in St. Louis, Missouri.
IDEO’s single-minded focus makes it an intriguing port of call for executives seeking insights on innovation. The company’s deep experience collaborating with other businesses and with nonprofits and government agencies gives it valuable perspectives on what distinguishes winning from losing innovation efforts. Yet as CEO Tim Brown is quick to point out, what works at IDEO won’t work everywhere.
Brown has worked at IDEO since its formation, in 1991, when three established design firms came together. He became CEO in 2000, after stints heading IDEO Europe and the company’s San Francisco office. Over the years, Brown has stood for the development of ideas through action—observing customers, prototyping, testing, refining—rather than abstract thought.1
In this interview with McKinsey’s Lenny Mendonca and Stanford professor Hayagreeva Rao at IDEO’s offices in Palo Alto, California, Brown provides his perspective on innovation at IDEO and at other organizations. He focuses not on a philosophy of design but on the role of leadership in stimulating creativity, the barriers that sometimes inhibit it, and the incentives that really help to generate new ideas. He also discusses opportunities to innovate in public services and the promise of user-generated online content.
The Quarterly: You’ve written and spoken extensively about IDEO’s design philosophy and its potential relevance for other companies. What lessons does IDEO, as an organization, hold for others?
Tim Brown: I always get a little nervous when we start talking about innovation, IDEO, and other organizations because there’s something unique about us: all we do is try to have new ideas and get those ideas out into the world. We don’t have to do anything else; we barely have to run a tiny little company. But because we don’t have to focus on a bunch of other things, we can focus completely and utterly on experimentation, on exploring ideas for the sake of exploring them, and on bringing unlikely people together to work.
One of the things I’ve noticed is that if we spend too much time focusing on doing our projects on time and on budget—running our kind of business well—then the ideas we generate aren’t as good. So we talk a lot about managing tensions. On one end of the spectrum is running a business well. On the other end is having the most creative culture you can. You’ve got to have both. And you can’t just pick a spot on the spectrum. You’ve got to move around. It doesn’t worry me to do that. But it drives some people completely crazy.
The Quarterly: Presumably, those tensions also exist in other organizations trying to innovate. What approaches can help resolve them?
Tim Brown: Even though companies want everyone to be thinking about innovation all the time, the reality is that everybody’s got other roles to play. So innovation is not a continuous activity; it’s a project-based activity. If you don’t have a process for choosing projects, starting projects, doing projects, and ending projects, you will never get very good at innovation. Projects need some form—you call them something; you run them in a certain way; you fund them in a certain way. That sounds simple, but, actually, a good process for getting projects going and done is often not obvious to companies.
The Quarterly: What’s the role of leadership in stimulating creativity and innovation?
Tim Brown: You really notice a difference in organizations where the senior leadership immerses itself in innovation. I don’t mean that it runs projects. I don’t mean that it does the innovation itself. But it immerses itself by, for example, playing an active role in reviewing the innovation that’s going on at various levels in the organization in order to give people permission to take risks. Or by playing a really active role in deciding who gets to do innovation, making sure project leaders pick people who are naturally comfortable taking risks.
In some cases, leading innovation means standing up for ideas when they get to the point where they need to be sold throughout the organization. Most of the extinctions that happen in the innovation ecosystem happen inside the organization—long before the ideas get to market—not in the marketplace. The antibodies that organizations naturally have to fight new ideas win out. It’s often the role of senior leadership to defend new ideas until they’re actually out in the marketplace and able to stand up for themselves.
The Quarterly: What gets in the way of innovation?
Tim Brown: The biggest barrier is needing to know the answer before you get started. This often manifests itself as a desire to have proof that your idea is worthwhile before you actually start the project: “show me the business proof that this is going to be a good idea.” You can understand this, of course, because it’s an attempt to mitigate risk. But wanting to know whether you’ve got the right idea—or the assumption that you’ve got to have a business case—before beginning to explore something kills a lot of innovation.
Now, if you want to do some incremental innovation in a market, with products you understand well, then there’s a reasonable argument that you should have a pretty good business case. But not if your ambition is “to create the next iPod.” Steve Jobs didn’t know what the business case was going to be for the iPod before he started.
The innovation process is a series of divergent and then convergent activities—a very simple concept, but one that a lot of leaders used to managing efficient processes in their businesses struggle with. By “divergence,” I mean a willingness to explore things that seem far away from where you think your business is today. The discomfort that a lot of business leaders have with innovation is with divergence. They think that it’s divergent forever and that they’ll never be able to focus on something that makes business sense. I think that’s where some business leaders, historically, have had a bit of a problem with their internal innovation units: the leaders have a sense that these units are endlessly divergent. If you understand that convergence follows divergence, and that it’s really hard to converge without first diverging, maybe that’s a bit comforting.
The Quarterly: What role do you see for user-generated online content—which often seems pretty divergent—in stimulating innovation?
Tim Brown: It’s better to have a bigger ecosystem for innovation than a smaller one. You’re going to get more ideas and increase the likelihood of better ideas. The more people, all other things being equal, the better for innovation. So there’s definitely a role for user-generated content.
But it’s really early. It feels to me a bit like 1985, when desktop publishing was new and these really awful laser-printed graphics were appearing everywhere. Over the next ten years, though, graphic design exploded because it was made accessible to many more people. I think the same will happen with media, film, and music. It also is going to start happening in other areas—such as product design, software widgets like iTunes applications, and video games—as people online get their hands on simple computer-aided design tools and other programming tools.
Right now, though, the level of facility that many users have in generating any kind of idea isn’t that high. So I think a competitive issue for nations in the future will be the ability of the general populace to generate and develop ideas. It didn’t really make much of a difference in the past, because you couldn’t bring all those people to bear on innovation. But in the future, we will be able to do just that. Countries—the Scandinavian countries, for instance, that are investing huge amounts of money in education to make their general populace more creative—will find that this really pays off.
The Quarterly: Thus far, we haven’t talked much about incentives. What’s their role in creating a culture where innovation flourishes?
Tim Brown: I think organizations have a hugely unfair advantage when it comes to innovation and incentives: people want to put things out in the world to leave their mark; they want to be creative. I think it’s a basic trait of human nature—if you give people the chance to do things that have an impact in the world, that is inherently motivating to them. Time and time again, I hear people say that putting something out in the world that didn’t exist before was a life-changing experience.
This means that if you want to be an effective innovation organization, to motivate your people as innovators, you’ve got to be prepared to measure yourself by the impact you have on the world—not just your sales or your margins, which are important, of course.
Some occupations have a head start in being able to see the impact that they create. It’s wonderful working with nurses and doctors, for example, because they have this inherent desire to have an impact on their patients. Anything that gets in the way—such as a lot of bureaucracy—frustrates them, but if you give them a chance to solve problems, they attack them fiercely.
In the end, all businesses exist to serve some kind of human purpose. If you can’t somehow frame what you do in terms of having an impact on the world, I don’t see how you can have a very effective business.
The Quarterly: If translating innovation into impact is critical to motivate people, how, in practical terms, do you do that—both organizationally and for individuals—in ways that matter to them?
Tim Brown: At IDEO, we try to do this on three levels. Everybody has a portfolio of all the things they do. We’re now rolling out a software platform for knowledge sharing. Everybody has a page on that, which is basically their personal portfolio. One of the things in it is the impact of the work they’ve done—on their colleagues, on their teams, or on the outside world.
Then we’ve always encouraged project teams, at the end of a project, to share the impact they’ve had. They might make that impact through a new methodology or through the outcomes of the project itself.
On an organizational level, we’re looking much more closely than we did ten years ago at the social impact of the work we do. We’re attempting to measure how much of our work is in domains we care about, like sustainability, health care, and social-impact work—which we define as work intended to benefit the socially disadvantaged, whether in developed economies (on issues such as housing and education), or in developing economies (on issues such as "smallholder" agriculture, disease eradication, and access to health care services). We’re trying to measure that so we can shift the balance a little bit toward socially oriented work.
The Quarterly: Why are you doing that?
Tim Brown: People want to work on things they believe in. I don’t mean that every project we do is in the social-impact space, of course. But we get more pushback now than we ever did about whether a project is something that people want to work on.
The Quarterly: What are the social issues where you think innovation can really make a difference?
Tim Brown: One area that I’m quite excited about is improving the lamentable quality of public services that most people experience—particularly here in the US, but I think in many other countries as well. Education. Health care. The way you interact with government. Conventional for-profit service companies don’t necessarily give enough attention to innovation, but they’re doing great compared with government service organizations.
How, for example, do we facilitate the early education of kids by providing support services for teachers that would allow them to communicate with parents more effectively? How do we make it a better experience for somebody to go through security at an airport? If we can facilitate the overall travel experience, they can go through security in a way that’s less tense, and maybe then we can spot the people who really are tense and dangerous. There’s a million and one different things you could point to where human-centered design and innovation could make a difference.
One of the things I’m excited about is that there seem to be new coalitions emerging to actually tackle some of these problems. Foundations and corporations are playing roles that they weren’t playing before in public services. I think there’s an opportunity both to improve the life experience of many, many people and to create quite a lot of economic benefit. If we don’t somehow fundamentally change the way health care gets delivered, for example—at least in the developed world and arguably also in the developing world—we won’t be able to afford it. The opportunity to help fix a lot of those problems, that’s the stuff that excites me

15 de diciembre de 2008

Ayn Rand; La Rebelión de Atlas

Deseo pagar a mis obreros más de lo que vale para mí su trabajo? No. Deseo vender mis productos a un precio menor al que mis clientes están dispuestos a pagar? No. Deseo venderlos a pérdida o desvalorizándolos? No. Si esto está mal, hagan lo que quieran conmigo, según las normas que prefieran.
Me niego a considerar detestable el hecho de trabajar mejor que otra gente, realizar un producto de mayor valor que el de mis vecinos y ver que hay personas dispuestas a pagarme más que a ellos. Me niego a pedir perdón por mi idoneidad, por mi éxito, o por el dinero que gano.
La culpa es nuestra. Si nosotros, los que actuamos, los que aprovisionamos y beneficiamos a la humanidad, hemos permitido que el sello del mal quede estampado sobre nuestro ser y silenciosamente soportamos el castigo de nuestras propias virtudes.
Cuando se actúa sobre la base de la compasión y contra la justicia, es a los buenos que se castiga en aras de los malos; cuando se salva del sufrimiento a un culpable, es a los inocentes a quienes se obliga a sufrir…si el culpable no paga, lo hará el inocente.
Tal es el horror que Robin Hood inmortalizó como ideal de justicia….practicando la caridad con la riqueza de la que no era dueño, regalando bienes que él no había producido y haciendo pagar a otros el lujo de su piedad. Es el símbolo de la idea de que la necesidad, y no el logro, es la fuente de todo derecho; de que no tenemos que producir, sino solo necesitar; de que no es lo ganado lo que nos pertenece, sino aquello que no hemos ganado.
La moral de esa gente es la de los secuestradores. Utilizan nuestro amor a la virtud como rehén. Saben que lo soportaremos todo con el fin de trabajar y producir, porque a nuestro modo de ver, el logro es el más alto propósito moral del ser humano.
No existe medio más seguro para destruir a un hombre que ponerlo en una situación en la que no solo no desee mejorar, sino que, además, día tras día se esfuerce por cumplir peor con sus obligaciones.
Siempre fueron los atributos bestiales, no los humanos, los que la humanidad adoró; el ídolo del instinto y el de la fuerza, los místicos y los reyes. Los místicos que anhelaban una conciencia irresponsable y gobernaron proclamando que sus oscuras emociones eran superiores a la razón…y los reyes, que gobernaron por medio de sus garras y sus músculos.
…proponen un plan para destruirme, que trabaje a pérdida aunque cada tonelada que consiga me cueste más de lo que sacaré de ella; que mande al diablo mi riqueza, hasta que todos juntos nos muramos de hambre. Semejante irresponsabilidad no es posible en ningún hombre, ni siquiera en un saqueador.
Pensó en todas las especies vivientes que adiestran a sus crías en el arte de sobrevivir, en los gatos que enseñan a sus cachorros a cazar. Sin embargo, el humano, cuya herramienta de supervivencia es el cerebro, no solo fracasa en enseñar al niño a pensar, sino que dedica su educación al propósito de destruir su mente, de convencerlo de que el pensamiento es inútil y malo, antes incluso que haya comenzado a pensar.
Todo lo que es conveniente para la vida de un ser racional es bueno; todo lo que la destruye es malo.
El hombre no puede sobrevivir excepto mediante la adquisición de conocimiento, y la razón es su única manera de obtenerlo. La razón es la facultad que percibe, identifica e integra el material provisto por los sentidos.
La verdad es el reconocimiento de la realidad; la razón, el único instrumento de conocimiento del hombre, es su único parámetro de verdad.
No importa cuan vasto sea tu conocimiento, ó cuan modesto, es tu propia mente la que debe adquirirlo. Sólo se puede actuar en base al conocimiento propio. Tu mente es tu único juez de la verdad…y si otros disienten de tu veredicto, la realidad es la única corte de apelación.
Un proceso racional es un proceso moral.
La única virtud básica del hombre es el pensamiento. Y tu vicio básico, la fuente de todos tus males, es ese acto innombrable que algunos practican pero que no desean admitir; el acto de dejar la mente en blanco, la voluntaria suspensión de la propia conciencia, la negación a pensar. No pensar es un acto de aniquilación, un deseo de negar la existencia, un intento de borrar la realidad.
Al suspender tu juicio, niegas tu persona. Eso, a cada hora y en cada asunto, es tu elección moral básica; pensar o no pensar, existir o no existir.
Para vivir, el hombre debe considerar tres cosas como los valores supremos que rigen su vida: razón, propósito y autoestima. La Razón como su única herramienta para el conocimiento. El Propósito, como su elección de la felicidad que esa herramienta procederá a lograr. Autoestima, como la inviolable certeza de que su mente es competente para pensar y de que su persona es digna de ser feliz.
Racionalidad es el reconocimiento del hecho de que la existencia existe, de que nada puede alterar la verdad y que nada puede ser más importante que el acto de percibirla, osea pensar.
Integridad es el reconocimiento de que no se puede falsificar la propia conciencia.
Honestidad es el reconocimiento de que lo irreal es irreal y no puede tener ningún valor.
Justicia es el reconocimiento de que se debe juzgar a los hombres mediante un proceso puro y racional.
Productividad es el proceso mediante el cual nuestra conciencia controla nuestra existencia, un proceso constante de adquisición de conocimientos, de que todo trabajo es creativo si es realizado por una mente pensante.
Orgullo es el reconocimiento de que uno es su mayor valor y que, como todos los valores del hombre, debe ser ganado.
El único propósito moral del hombre es su felicidad, pero sólo se puede alcanzar mediante la propia virtud.
El símbolo de todas las relaciones entre esos hombres, el símbolo moral del respeto por los seres humanos, es el comerciante. Nosotros los que vivimos según valores, no saqueos, somos comerciantes, tanto en lo material, como en lo espiritual. Un comerciante es alguien que gana lo que obtiene y no da ni toma lo inmerecido.
Los parásitos místicos que a través las épocas han denigrado a los comerciantes y los han mantenido en el aprobio, al tiempo que brindaban honores a los pordioseros y saqueadores, siempre tuvieron claro el motivo de sus burlas: un comerciante es la entidad a la que temen: un hombre justo.
Te preguntas qué obligación moral tengo hacia mis semejantes? Ninguna. Sólo tengo obligación hacia mí mismo, hacia los objetos materiales, y hacia todo lo que existe: la racionalidad. No busco ni deseo nada de ellos, excepto aquellas relaciones que ellos quieran iniciar por su propia y voluntaria elección. Cuando estoy en desacuerdo con un hombre racional, dejo que la realidad sea nuestro arbitro final; si yo estoy en lo cierto, él aprenderá; si yo estoy equivocado, seré yo quien aprenda; uno de los dos ganará, pero los dos nos beneficiaremos.
Mientras los hombres deseen vivir en conjunto, ningún hombre puede iniciar el uso de la fuerza física contra otros.
Cuando alguien pretende tratar conmigo por la fuerza, le contesto con la fuerza.
El bien, dicen los místicos del espíritu, es Dios, un ser cuya única definición es que está más allá de los poderes de comprensión del hombre; tal definición invalida la conciencia humana y anula sus conceptos de existencia. El bien, dicen los místicos del músculo, es la Sociedad, una cosa a la que definen como un organismo que no posee forma física. La mente del hombre, dicen los místicos del espíritu, debe estar subordinada a la voluntad de Dios. La mente del hombre, dicen los místicos del músculo, debe ser subordinada a la voluntad de la Sociedad.
El egoísmo – dicen ambos- es el mal del hombre. El bien del hombre – dicen ambos- es renunciar a sus deseos personales, negarse a si mismo, rendirse; el bien del hombre es negar la vida que vive. El sacrificio – sostienen los dos – es la esencia de la moral, la mayor virtud que el hombre debe alcanzar.
Sacrificio es la renuncia a lo que uno valora a favor de lo que desprecia. Si poseemos una botella de leche y se la damos a nuestro hijo hambriento, no es un sacrificio; si se la damos al hijo del vecino y dejamos que el nuestro muera, si lo es. Si damos dinero para ayudar a un amigo, no es un sacrificio; si se lo damos a un desconocido que no nos importa, sí lo es.
El credo del sacrificio es una moral para el inmoral.
Es tu mente lo que quieren que entregues todos los que predican el credo del sacrificio.
Bajo una moral de sacrificio, el primer valor que sacrificas es la moralidad; el siguiente es la autoestima.
Amar es valorar. Quien diga que es posible valorar sin valores, amar a quienes consideramos despreciables, también sostendrá que es posible hacerse rico consumiendo sin producir y que el papel moneda es tan valioso como el oro.
Qué permite a un mendigo insolente exhibir sus lacras ante el rostro de los mejores y solicitar ayuda en tono de amenaza?
Hasta que no aprendas a tratar conmigo como comerciante, entregando valor por valor, deberás existir sin mí, como yo existiré sin ti.
La época infame a la que llamas Oscurantismo fue una era de inteligencia en huelga cuando los hombres capaces pasaron a la clandestinidad y vivieron ocultos, estudiando en secreto, y al morir se llevaron con ellos el trabajo de sus mentes.
Todo periodo regido por místicos fue una época de estancamiento y carencias, en que la mayoría de los hombres estuvieron en huelga contra la existencia, trabajando lo indispensable para sobrevivir, sin dejar más que migajas como botín para sus gobernantes les robaran.
El camino de la historia humana ha sido una cadena de tramos estériles erosionados por la fe y la fuerza, con una pocas y breves apariciones de un rayo de sol, cuando la energía liberada de los hombres de mente realizó las maravillas que admiraste e inmediatamente extinguiste.
Rechazas tu herramienta de percepción – tu mente – y luego te quejas de que el universo es un misterio.
El hombre que se niega a juzgar, que no acepta ni rechaza, que declara que no hay absolutos y que cree que escapa de la responsabilidad es el responsable de toda la sangre que se está derramando hoy en el mundo.
La perfección moral es tener una racionalidad inquebrantable, no importa el grado de inteligencia, sino el uso pleno implacable de la mente.
Acepta el hecho de que el único propósito moral de tu vida es alcanzar tu felicidad.
Como medida básica de autoestima, asume que cualquier exigencia de ayuda es la señal de un caníbal. Con su demanda afirma que tu vida es su propiedad; y más despreciable aún es tu consentimiento. Preguntas si es correcto ayudar siempre a otro hombre? No, si el reclama tu ayuda como un derecho y tu deber moral. Es correcto, en cambio, si ese es tu deseo personal, basado en tu propio placer egoísta, teniendo en cuenta el valor de su persona y de su lucha.
El origen de los derechos de propiedad es la ley de la causalidad. Toda propiedad y toda forma de riqueza son producidas por la mente y el trabajo del hombre. Pero no se puede obligar a la inteligencia a trabajar.
Los modernos místicos del músculo, que ofrecen la alternativa fraudulenta de los derechos humanos versus derechos de propiedad, como si unos pudieran existir sin los otros, están haciendo un último y grotesco intento de revivir la doctrina del alma versus el cuerpo. Sólo un esclavo puede trabajar sin derecho al producto de su esfuerzo.
Las únicas funciones apropiadas de un gobierno son: la policía para protegerte de los criminales; el ejército para protegerte de invasores extranjeros, y los tribunales para proteger tu propiedad.
Cuando trabajas en una fábrica moderna, se te paga, no solo por tu labor, sino por todo el genio productivo que ha hecho posible dicha fabrica; por el trabajo del industrial que la construyó, por el trabajo del inversor que ahorró el dinero y lo arriesgó después en lo nuevo y lo no probado; por el trabajo del ingeniero que diseñó las máquinas cuyas palancas tu mueves; el trabajo del inventor que creó el producto que fabricas; el trabajo del científico que descubrió las leyes que permiten elaborar dicho producto; el trabajo del filósofo que enseñó a los hombres a pensar y al que te pasas denunciando.
Si hubieras trabajado como herrero en la mística Edad Media, el resultado de toda tu capacidad productiva habría sido una barra de hierro hecha a mano, tras días y días de esfuerzo. Todo lo que tus músculos valen es el nivel de vida de aquel herrero; el resto es un regalo de Hank Rearden.
El hombre que está situado en la cúspide de la pirámide intelectual aporta el máximo a todos los que están debajo de él, pero no recibe más que el pago material, no obtiene ningún beneficio intelectual de los demás que añada algo al valor de su tiempo. El hombre en la base, quien abandonado a su suerte moriría de hambre por su total ineptitud, no contribuye con aquellos que están por encima de él, pero recibe el beneficio derivado de todas sus mentes.
No intentaste competir en base a tu inteligencia, y ahora lo haces en base a tu brutalidad. No quisiste permitir que las recompensas fueran ganadas por la producción y ahora estas corriendo una carrera en la que las recompensas se ganan a través del robo. Calificaste de egoísta y cruel el intercambio de valor por valor, y ahora has creado una sociedad en la que se intercambia extorsión por extorsión.
Tu sistema es una guerra civil legalizada, donde los hombres se juntan en bandas que luchan unas contra otras por la posesión de la ley que utilizan luego como un garrote contra sus rivales, hasta que otra banda se las arrebata por la fuerza, y la utiliza a su vez en su contra, mientras todos claman hallarse al servicio de un ignoto y nunca especificado bien común.
Nadie podrá obtener ningún valor de los demás recurriendo a la fuerza física. Todo hombre se mantendrá ó caerá, vivirá ó morirá, según su juicio racional.
No olvides que el estado natural del hombre es una postura erguida, una mente intransigente y un paso vivaz capaz de recorrer caminos ilimitados.
Juro por mi vida y mi amor por ella, que jamás viviré para nadie, ni exigiré que nadie viva para mí.

11 de octubre de 2008

Lider

Líder es aquel que ha acumulado y experimentado tanta más información que sus compañeros, que le es posible ver diferentes caminos que los demás no ven, y además puede atreverse a escoger y recorrer el mejor de ellos, mientras los demás sólo sienten temor e inseguridad y se aferran a lo ya establecido.