Fuimos a la fiesta para recibir el año nuevo en Playa Blanca y fue una grata sorpresa encontrar en nuestra mesa a un para mí desconocido pariente bastante cercano Álvaro García, quien forma parte mi familia de Arequipa. Resultó un placer saber que habíamos 2 arequipeños formando parte del grupo que se reunía para recibir el año nuevo. También estaba con nosotros un conde español nacido en Filipinas, un norteamericano y su esposa de origen griego, Duccio y su esposa Ángela y el minero Raúl y Lucia.
Luego de identificarnos con los nombres de nuestros padres, supe que nuestros abuelos fueron hermanos y que compartíamos varias tías muy cercanas, simpáticas y populares.
Ambos habíamos abandonado nuestra Arequipa para hacer estudios en universidades de Lima, y para mi fue una sorpresa reconocer que yo había hecho este viaje 4 años antes que él, quién me había parecido algunos años mayor que yo. Aclarando nuestras edades tuve que aceptar con pena y frustración que yo era hasta 5 años mayor que mi primo y sentí una satisfacción al sentirme menor que él. Esto fue corroborado por Duccio, uno de nuestros más cercanos amigos en el grupo, quién para mi alegría nos aseguró que yo me veía menor.
La fiesta no alcanzó toda la euforia que merecía el recibimiento del nuevo año, y alrededor de las 4 AM, ya cansados, decidimos retirarnos sin aviso para irnos sin las incomodas resistencias tribales.
Al salir como a bailar, atravesando con dificultad a todo lo ancho la pista de baile, y luego la gran área separada para los más jóvenes, me dio mucha pena ver a todos estos muchachos y muchachas haciendo grandes esfuerzos por emborracharse. Supongo que buscan así reducir las barreras interpersonales que la vida moderna les ha impuesto, les urge conocerse e intimar, y no encuentran una forma mejor.