El policía del aeropuerto me hizo notar hace varios meses que mi brevete había caducado. Me salvó contar con una licencia boliviana y mi residencia en ese país. Pocos días antes de fin de año, una redada en el peaje al sur nos recordó a Carmen y a mí que ya debíamos renovar brevete.
Fue una pena utilizar las vacaciones del 2 de enero para estos siempre antipáticos trámites, pero emprendimos la aventura tratando de mantener una artificial alegría, pensando en que siempre algo debemos aprender hasta de las peores tareas.
El pago de la tarifa de renovación en el Banco de la Nación cercano al Museo de la Nación fue increíblemente rápido. Dos colas bien organizadas y atendidas por muchas ventanillas. El banco ordenado y pulcro, los ventanilleros amables y bien vestidos. Todo excelente, como si estuviésemos en Suiza…
Con dificultad encontramos en tres paralelas al norte de la Javier Prado, a un par de cuadras del Sanjón, la clínica con nombre de santo que hace la evaluación medica previa a la emisión del brevete.
Gran sorpresa… en la puerta un señor pequeño nos abordó y nos dijo exactamente qué debíamos hacer y nos colocó en la ventanilla de recepción. Como Carmen no tenía las 2 fotos requeridas, él en segundos la fotografió con su cámara digital manual contra el muro de un pasillo.
Con una velocidad escalofriante recorrimos los diferentes y muy completos exámenes en diversas y pequeñas salitas con diferentes médicos: Historia clínica, vista, oído, examen escrito psicotécnico y psicológico, casi sin tiempos muertos y cruzándonos con muchos otras personas que sorprendidas hacían lo mismo. Sentí un sistema que había sido excelentemente bien organizado hasta en sus menores detalles, con gente motivada para dar el mejor servicio sin desperdiciar un minuto de los clientes. Creo que se trata de algo único en su género a nivel internacional y que puede servir de ejemplo para cualquier empresa de servicios aquí y en cualquier lugar de este planeta. Me sentí emocionado y feliz con sólo saber que esto existe y en Lima.
Con el documento en la mano que me declaró apto para renovar el brevete, busqué al responsable de esta maravilla de la humanidad y lo felicité casi con lágrimas en los ojos…